Renuncié al trabajo para recorrer el mundo

Ahorran por un tiempo y antes de cumplir los 30 dejan sus empleos para conocer otras culturas. Empleadores valoran sus competencias y la flexibilidad que adquieren en este tiempo.

No se trata de un capricho ni de las ganas de tener más vacaciones. Lo que realmente los motiva es concretar un sueño postergado de juventud: recorrer el mundo. Por eso, esperan consolidarse en sus trabajos, tener buenos sueldos y después de ahorrar uno o dos años dan el salto: renuncian y se van por meses o años.

Así lo hizo Daniela Torres (31, educadora). En abril del año pasado renunció a su trabajo en una fundación para viajar por Europa durante cinco meses. “Era un viaje que tenía postergado hace tiempo. Te puedes dar un gusto y salir a conocer. No se trata de salir a mochilear y pasear pasando hambre, sino de viajar con ciertas comodidades”, dice Daniela.

Los head hunter y empleadores cada vez más se deben enfrentar a casos como el de ella. La mayoría son jóvenes profesionales entre 26 y 35 años, sin hijos, y donde la opción de viajar está entre sus prioridades. Incluso sobre las laborales.

Juan Pablo Toro, sicólogo de la U. Diego Portales, explica que hoy los jóvenes profesionales “sienten que tienen una oportunidad de desplegar sus intereses y desarrollarlos sin tener obligaciones” y eso incluye un “cambio de actitud frente al trabajo”.

Es que el trabajo ya no es un espacio de realización o compromiso personal como lo fue para sus padres. “Ellos tienen una postura más distante del trabajo, llevan su propia camiseta”.

Camila Pizarro (26, productora de eventos) trabajó un tiempo sólo para juntar el dinero suficiente para viajar. “Estuve recorriendo Santa Catarina y Buzios cerca de cinco meses. Hasta trabajé un tiempo haciendo fotos en un barco. Mi uniforme era un traje de baño… era ideal”.

Cuando se acabó el dinero volvió a Chile, consiguió trabajo, ahorró de nuevo y luego renunció para comprar pasajes con destino a Nicaragua, Costa Rica y Panamá. “Estoy soltera, no tengo hijos y tengo la libertad de hacer lo que quiera. Más adelante puede que necesite estabilidad”, reflexiona.

MAS FLEXIBLES

Camila Mella, socióloga del Centro de Estudios Cuantitativos y Opinión Pública de la U. de Santiago, dice que esta tendencia muestra un cambio cultural, donde se busca retrasar la adultez lo más posible.

Sin embargo, esta tendencia se observa sólo en jóvenes profesionales con buenos sueldos y/o de clase social acomodada, quienes se pueden dar el gusto de renunciar a un trabajo, porque están tan bien calificados y saben que retomar un empleo no será complejo. Una tesis que comparte Toro: “Estamos hablando de una elite, son jóvenes que se benefician de las competencias que han logrado reunir”, dice.

Es el caso de Enrique Peña (30, ingeniero industrial). Dejó en 2012 su trabajo para recorrer 21 países del sudeste asiático. “Soy soltero, no tengo hijos ni muchos compromisos comerciales. Trataba de ahorrar, pero no tanto. Sí gasté en safaris, saltos en bungee y cosas así”. Iba por ocho meses, pero estuvo más de un año.

Birgit Nevermann, gerente general de Laborum Selección, dice que, lejos de lo que pudiera pensarse, muchas empresas valoran a este tipo de jóvenes. “Especialmente aquellas que requieren jóvenes profesionales que puedan desarrollarse al interior de la organización para ocupar altos cargos, que puedan trasladarse a otros países, que no teman hacer negocios y trabajar con otras culturas. Que no le teman a la diversidad”.

Michael Cristi (34, analista de riesgo de inversiones) lo sabe bien. En octubre de 2008 dejó su trabajo en un banco en el que llevaba tres años. Se fue a Nueva Zelandia, Malasia y Tailandia. Estuvo fuera un año y cuando regresó, llamó a su anterior trabajo. Lo recontrataron sin problemas. “Los empleadores ya no valoran la carrera tipo funcionaria, sino otras competencias como la flexibilidad”, dice Toro.

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